Las Ataxias Cerebelosas Autosómico Dominantes (ADCA, del inglés: AutosomalDominantCerebellar Ataxias) forman un grupo heterogéneo de enfermedades neurodegenerativas. Estas entidades, también conocidas como Ataxias Espinocerebelosas (SCA, del inglés: Spinocerebellar Ataxias), se caracterizan por un síndrome cerebeloso progresivo, asociado a otras manifestaciones neurológicas (Durr, 2010). Actualmente, se conocen 36 formas moleculares de SCAs y en 23 de estas se ha identificado el gen causante de la enfermedad (Matilla-Dueñas y col., 2012; Sailer y Houlden, 2012).

La prevalencia internacional de las SCAs es de uno a cuatro casos/100 000 habitantes, aunque esta es mayor en regiones específicas, debido a efectos fundacionales. Este fenómeno se presenta en las Islas Azores, Portugal, para la SCA3 (Sequeiros y Coutinho, 1993; Vale y col., 2010) y en Holguín, Cuba para la SCA2 (Velázquez-Pérez y col., 2009a). De hecho, esta región de nuestro país concentra más del 70% de los pacientes con SCA2 y más de 1300 descendientes directos, lo que contribuye a una tasa de prevalencia de la mutación de 182,75 casos/100 000 habitantes (Velázquez-Pérez y col., 2011a).

La SCA2 es causada por la expansión del trinucleótido CAG, en el primer exón del gen ATXN2 (Pulst y col., 1996), lo que produce un aumento del tracto poliglutamínico en la proteína citoplasmática ataxina 2. En estado mutacional, la ataxina 2 pierde su función fisiológica y adquiere propiedades tóxicas que justifican la extensa muerte neuronal observada en la capa de neuronas de Purkinje del cerebelo, el puente y la sustancia negra, entre otras (Lastres-Becker y col., 2008).

El fenotipo clínico de la SCA2 es variable y está estrechamente asociado al genotipo. En tal sentido, el tamaño de la expansión trinucleotídica explica hasta el 80% de la variabilidad observada en la edad de inicio de la enfermedad. Todos los pacientes muestran un síndrome cerebeloso progresivo, unido a trastornos oculomotores severos, neuropatía periférica, disfunción cognitiva y trastornos del sueño, entre otras manifestaciones (Velázquez-Pérez y col., 2009a).

Al igual que el resto de las ataxias hereditarias, la SCA2 es una enfermedad huérfana de tratamientos y entre las barreras que han entorpecido en desarrollo de terapias está la poca realización de ensayos clínicos y la pobre sostenibilidad de las opciones paliativas disponibles.

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